Salmo 102
Señor, escucha mi oración
Señor, escucha mi oración,
y llegue a ti mi clamor.
No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia;
inclina a mí tu oído;
apresúrate a responderme el día que te invocare.
Porque mis días se han consumido como humo,
y mis huesos cual tizón están quemados.
Mi corazón está herido, y seco como la hierba.
Pero tú, Señor, permanecerás para siempre,
y tu memoria de generación en generación.
Comentario y reflexión
El Salmo 102 es el quinto salmo penitencial, una oración del afligido que compara su fragilidad con la eternidad de Dios. Profetiza la restauración de Sion y la misericordia divina sobre las generaciones futuras.