Salmo 146

Alaba, oh alma mía, al Señor

Aleluya. Alaba, oh alma mía, al Señor. Alabaré al Señor en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva. No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios. El Señor hace justicia a los agraviados; el Señor da pan a los hambrientos; el Señor liberta a los cautivos.

Comentario y reflexión

El Salmo 146 abre el Hallel final del Salterio con una alabanza personal a Dios. Advierte contra confiar en los poderosos humanos y proclama que Dios es quien hace justicia y libera a los oprimidos.