Te Deum

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti, eterno Padre, te venera toda la creación. Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran. Los querubines y serafines te cantan sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos. Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria. A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles, la multitud admirable de los Profetas, el blanco ejército de los Mártires. A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama: Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor. Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen. Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo. Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre. Creemos que satisfecho retornarás como juez. Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre. Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad. Sé su pastor y ensálzalo eternamente. Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por los siglos de los siglos. Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado. Ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre. Amén.

Significado y explicación

El Te Deum es uno de los himnos más solemnes y antiguos de la Iglesia. Es un grandioso canto de alabanza a la Santísima Trinidad que recorre toda la historia de la salvación, uniendo la alabanza de los ángeles, los apóstoles, los profetas y los mártires con la de toda la Iglesia.

El himno comienza con la alabanza al Padre Creador, continúa con la confesión de fe en Cristo Redentor (su Encarnación, Pasión, Resurrección y Ascensión) y concluye con súplicas de protección y misericordia.

El Te Deum expresa la fe gozosa y agradecida de la Iglesia, que reconoce la grandeza de Dios y su obra salvadora. Es una oración que eleva el espíritu y llena el corazón de esperanza.

Historia

La tradición atribuye el Te Deum a San Ambrosio y San Agustín, quienes lo habrían compuesto espontáneamente durante el bautismo de este último en Milán (387). Sin embargo, los estudiosos modernos lo atribuyen a Nicetas de Remesiana (siglo IV). Se reza en el Oficio de Lecturas de domingos y solemnidades, y se canta en ocasiones de especial acción de gracias, como la elección de un Papa o el fin de año.

adoraciónacción de gracias

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