Salmo 144
Bendito sea el Señor, mi roca
Bendito sea el Señor, mi roca,
quien adiestra mis manos para la batalla,
y mis dedos para la guerra.
Misericordia mía y mi castillo,
fortaleza mía y mi libertador,
escudo mío, en quien he confiado.
Señor, ¿qué es el hombre, para que en él pienses,
o el hijo de hombre, para que lo estimes?
El hombre es semejante a la vanidad;
sus días son como la sombra que pasa.
Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Comentario y reflexión
El Salmo 144 combina la oración guerrera con la meditación sobre la pequeñez del hombre. Concluye con la visión de un pueblo próspero cuyo Dios es el Señor.