Salmo 38
Señor, no me reprendas en tu furor
Señor, no me reprendas en tu furor,
ni me castigues en tu ira.
Porque tus saetas cayeron sobre mí,
y sobre mí ha descendido tu mano.
Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;
ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.
Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza;
como carga pesada se han agravado sobre mí.
No me desampares, oh Señor;
Dios mío, no te alejes de mí.
Comentario y reflexión
El Salmo 38 es el tercer salmo penitencial. Describe con crudeza el sufrimiento físico y espiritual causado por el pecado, y clama a Dios como única esperanza.