Salmo 28
A ti clamaré, Señor, roca mía
A ti clamaré, oh Señor, roca mía;
no te desentiendas de mí,
para que no sea yo, dejándome tú,
semejante a los que descienden al sepulcro.
Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti,
cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.
Bendito sea el Señor,
que oyó la voz de mis ruegos.
El Señor es mi fortaleza y mi escudo.
Comentario y reflexión
El Salmo 28 es un clamor urgente a Dios que pasa del temor a la alabanza gozosa. El salmista experimenta cómo Dios escucha su oración y se convierte en su fortaleza.